lunes, 3 de mayo de 2010

Branques / Ramas

Diamantes engarzados en finos anillos de oro blanco.

Lágrimas colgando de cadenas de plata.

En la mañana hace frío, ha llegado el invierno, por la ventana veo el árbol que me vio nacer.

Presente, pasado, ¿futuro?

Estoy arreglando un anillo que me trajo una señora ayer. Me miró a los ojos con esperanza y me dijo que era importante para ella, que su marido se lo regaló antes de casarse, que el anillo y los recuerdos eran lo que le quedaba de él.

Ahora ser joyero no es como antes. Antes era diferente.

Venían jóvenes nerviosos y me preguntaban qué piedra preciosa correspondía a su amor.

Me veía entonces en una complicada tesitura, les preguntaba cómo era ella y a través de sus palabras deducía si les correspondía la verde esmeralda, el diamante blanco, un ópalo azul, un rojo rubí.

Si era mejor que fuese una joya sencilla o con filigranas.

Hay tantos anillos como amores me han contado. En cierto modo inauguré esos amores. Eso me hace sentirme bien. Aunque luego el tiempo haya desgastado algunos anillos o haya reforzado sus filigranas.

Eso ya no depende de mí. Si de mí dependiera…

Ahora mirando por la ventana la vista me falla, distingo perfectamente mi árbol de la niñez, pero no veo los matices del fondo, ese paisaje lejano se me hace borroso.

Claro, son muchos años fijando la vista, pobres mis ojos, vieron tanto por tan poco.

La señora de ayer me tiene dando vueltas, no sé cómo hacer para no desvirtuar su anillo, aunque es difícil volver a dejarlo como al principio. Debió de quererle mucho, para querer conservarlo. Él se marchó, llegó su hora, y ella viene a mí a pedirme este recado.

De repente creo que le veo, un joven alto, desgarbado, algo nervioso. Se frotaba las manos y miraba los escaparates de uno a otro lado. Se le veía ilusionado.

Le dije que un ópalo estaría perfecto, ella tenía los ojos azules. Como el mar. Como el cielo. Como las habitaciones de los niños pequeños. Ahora los sigue teniendo.

Él me miró sonriendo, ya no se le veía nervioso. Me dijo que le había entendido, me apretó la mano y dejó en la tienda una estela bonita, como de barco zarpando.

Se marchó y tras todos estos años es el tiempo, ese gran barco, el que me ha traído a la muchacha de ojos azules transformada.

Y ahora el que está nervioso soy yo.

Manos a la obra, si refuerzo el anillo con cuidado de no borrar su grabado podré arreglarlo. Cosas más difíciles me he encontrado.

Puliré un poco la piedra para que siga brillando. La luz de la mañana me está ayudando.

Ha salido el sol, sopla un poco de viento, el árbol agita sus ramas, está saludando.

Bueno, ya está, he acabado. Esta tarde viene esa mujer a buscarlo.

-¿Ha podido usted arreglarlo?

-Sí, creo que ya está acabado. Le confieso que me ha costado trabajo. Los años no perdonan…

-¿Lleva usted aquí mucho tiempo?

-¿Ve ese árbol? Ese árbol me vió nacer. Tengo ya unos cuantos años…


La mujer me mira a los ojos y ladea la cabeza. Mira al árbol.
No sé bien qué está buscando.

-Parece que el árbol esté llorando.

-Bueno, el invierno, ya sabe, tiene que perder todas sus hojas para volver a renacer en primavera.

-¡Es verdad! Me había olvidado…


Sus ojos brillan como el sol de la mañana, las gotas de lluvia en las ramas se están evaporando.

-¿Le gusta el café?
-Claro. Pero aún no me ha dicho si el anillo es de su agrado. He hecho todo lo que he podido…

-El anillo está perfecto.


Lo coge entre sus dedos largos y, con cuidado, lo coloca donde siempre ha estado.

-Fue un gran hombre ¿Sabe? Nos quisimos tanto…

Hay un silencio angelado en la tienda, brillan todos los anillos del muestrario.
Mis manos que nunca tiemblan se están agitando.

-Dígame qué le debo y salgamos.

-¿Adónde?


-Quiero que me presente a ese árbol. Y luego vamos a tomar un café en la cafetería de al lado.

-Pero…no debo cerrar la tienda a esta hora, si viene alguien…


-Sabrán que está aquí al lado. Dejaremos un papel enganchado. Coja su chaqueta que el viento sopla esta mañana.

-Bien… Por un rato…

Cierro la caja registradora. Recojo mi chaqueta de la silla, la mujer de ojos azules me está mirando.

Tiene unos ojos preciosos, como de mar encrespado.

Algo que llama desde dentro me está atrapando.

Voy a presentarle a mi árbol.



Copyright Toni Tugues

7 comentarios:

  1. una imagen, dos puntos de vista... pero en ambos un anillo de compromiso es el punto en común... curioso...
    felicidades por tu historia... te sugiero que insertes la imagen... tus lectores podrán meterse en ella y vivir más intesamente la bonita historia que has inventado....

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  2. Prefiero de momento que sólo haya letras ...

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  3. Bueno, hagamos los honores al fotógrafo...

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  4. En otra vida me hubiese gustado ser artesano en algo, algo pequeño que durara mucho tiempo y que guardase recuerdos.

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  5. Gracias, la esencia está en la ilustración, sólo puse palabras...

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