Los días duelen más si llueve y estás triste.
Puedes estar triste y no estar lloviendo, entonces es tolerable.
Un dolorcillo inacabado y mortecino que te invade despacio, preludio del verdadero dolor que vendrá.
Si estás un paso más allá, en el planeta Melancolía, y el cielo amenaza desbordándose en tormenta, amig@, estás acabad@.
Caben dos opciones.
El suicidio no suele estar cabalmente contemplado, sin embargo sigue siendo una opción como posibilidad existente.
No obstante, no la recomiendo, no te devuelven el dinero si no te satisface.
Servicio post venta pésimo.
Bien, las opciones, número uno:
Dejarse llevar por la pena y el desánimo, clamar a los dioses por su misericordia y esperar.
Esperar, pero mucho, porque éstos no es que no tengan servicio post venta, es que no tienen ni atención al cliente.
Número dos :
Desbordarse uno también y esperar que la propia naturaleza haga lo propio.
Te agotas de la misma tristeza, porque como todo, tiene su tiempo y límite.
No te agotas, pero limitada como es la capacidad de sufrimiento y llanto... al final te dedicas a otra cosa, véase ordenar tu biblioteca, pasear al perro o maldecir a los dioses, que no te escuchan, que programan un tiempo aterrador en el peor momento y que lo más probable es que ni siquiera se molesten en leer ésta, tu reclamación.
La próxima vez que os suceda lo que ahora os cuento, en serio, no malgastéis vuestro tiempo en nimiedades y, no sé, aprovechadlo leyendo, paseando o comiendo un buen entrecot, de eso seguro no tendréis reclamación.
La tristeza y la melancolía son, como todo lo bueno, cuanto más breve, mejor...
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