Cómo será subir a un escenario y desnudarse interpretando los sentimientos que todos, una u otra vez hemos sentido... como si fueran de otros... aunque no sean nuestros tampoco.
Debe ser que se nos gasta un poco el cuerpo cada vez, con cada uso, con cada descubrimiento, con cada pérdida.
Ese gasto hace que se den las costuras y caigan botones que deberían sostener.
Se aflojan las sonrisas y se despliegan los párpados como velas de un barco que no va a volver.
De momento.
Sino... ¿para qué partir?
Partimos creyendo que será para siempre.
Las cosas maravillosas creemos que serán para siempre.
No existe el parasiempre salvo para pensarlo y creer que lo queremos.
En realidad sería una condena.
La vida a veces lo es.
Muchas veces es un teatro lleno de títeres sin cabeza, descerebrados, bailando al son de unos tambores que no consigo oír.
Quisiera querer las cosas que los demás parecen querer.
Quisiera haber tenido menos y haber podido conservar más.
Pero no me dejaron elegir.
Aquí no te dejan elegir.
Tienes suerte si tienes suerte.
Pierdes si no la tienes.
Vigila tu espalda y tu bolsillo.
Vigila quien dice quererte y quien dice ser tu amigo.
Da todo lo que tengas, no trae más que complicaciones, pero luego no te arrepientas.
Olvida todo lo que te he dicho, los consejos no sirven para nada. Sólo para tocar las narices.
Voy a comprar un libro de instrucciones, porque, la verdad, cada vez mi yo está más perdido.
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