Ya se sabe, cuesta encontrar tiempo para lo que apetece y también para lo que no, que resulta ineludible.
En el taxi amarillo que me llevaba a casa iba mirando las ventanas que permanecían encendidas a las tres de la madrugada. Me preguntaba quién habría detrás de las cortinas, quién viendo televisión o lo que fuera que estuvieran haciendo.
En la radio sonaban canciones en castellano, el taxista era un señor con ñ.
No eran muy alegres, llenaban el cubículo mientras me hacía pequeña en el asiento de atrás.
Pero no puedes bajarte en marcha del taxi.
Ni de esta vida tampoco.
Hay que encontrar el sitio.
A veces la mayoría trata de diseñártelo, de vestirte con sus trajes de muñeca.
Pero cada uno tiene que encontrar su sitio.
Me pregunto si todos tenemos un sitio o si simplemente nos hemos acurrucado en el rincón donde nos dijeron que debíamos acurrucarnos.
El huequito tibio donde se refugia un gato. No soy un gato. A veces me gustaría. No pensaría como pienso, sino como piensan los gatos. En la televisión les acarician, viven en casas grandes y blancas, con comida de sibaritas y pelaje brillante.
Tal vez en otra vida podría ser un gato de esos de la televisión.
Anoche pensé que podía escribir, en lugar de hacerlo leí en mi cama.
Esta mañana quería dormir, pero no hay manera humana.
En definitiva la mayoría de veces las cosas salen como salen.
Presiento que ando cerca de encontrar ese hueco, tal vez pueda construir lo que quiero.
Decidí no preocuparme salvo por cosas verdaderamente graves, como tener un cáncer o perder un pie.
No pelear con la gente a la que no le gustan mis ideas o mi peinado.
No malgastar dinero para parecer algo que ni soy ni seré. El dinero da la tranquilidad de no necesitarlo.
Apartarme de la gente que me hizo daño y no disimular por ello, al final te dejan en paz.
Comprar cosas y estrenarlas, vaya a ser que me muera mañana.
Recordar que morir es una realidad para aprovechar el tiempo, no malgastarlo.
El otro día hablaba todo esto con mi pareja y me miraba extrañado. Pero no sé porqué. No me lo dijo.
A veces me olvido de mis buenos propósitos y vuelvo a hacer el gilipollas, es obvio.
Mi humanidad me vence y pierdo.
Tengo tantas cosas por aprender aún y por hacer. No sé cuánto tiempo tengo para hacerlas.
A veces pienso que un día seré vieja y me pasará como a mi padre, que me decía:
-"Por dentro me siento joven, pero por fuera ya no lo soy".
Hablaba cada día con él largas conversaciones, eso es lo más grande que he perdido, la complicidad de un amigo y un consejero.
Creo que he necesitado este año sola para recuperarme sólo de eso.
Aunque necesitaría todavía más tiempo.
Es muy duro perder a alguien muy importante, sólo si lo has pasado entiendes de qué te hablo.
A veces sigo hablándole para sentir que está cerca. Pienso qué haría él, qué pensaría...
Mi brújula se ha caído en medio de este mar absurdo y embravecido.
A pesar de todo él me educó con franqueza y no trató de hacerme seguir el camino establecido, así que voy a seguir buscando mi hueco a mi manera, aunque nadie (salvo quizá él) me entienda.